domingo, 29 de septiembre de 2013

El poder de aceptar lo imperfecto

-¿Un lápiz y unas cuantas hojas de papel?-Dije. Realmente no esperaba algo así.

-¿Por qué tu sorpresa?-Contestó. Me parecía algo tan insignificante para el cambio tan radical del que estaba siendo testigo. Fue algo que en verdad no hubiera imaginado.

-Un día desperté, tomé unas hojas de papel, un viejo lápiz y me fui a recorrer esas calles que tanto he subido y bajado en bicicleta, capté la esencia de una ciudad que nunca había visto antes en esas hojas y al fin tuve una respuesta, supe como terminar mi novela.-Me dijo.

-Llevabas años sin poder terminar tu novela, ¿qué cambió tan de repente?

-No lo sé del todo, supongo que al fin le perdí el miedo a la realidad. Respondió y esbozó una ligera sonrisa.

No podía entender como de un día para otro olvidó su pequeño mundo de nostalgias pasajeras y le abrió paso a un mundo desbordante de oportunidades para aquellos que sueñan.

-¿Qué respuesta encontraste en la ciudad?-Continué. Quería comprender que había cambiado en su persona.

-Solo encontré la verdad, que el mundo está dispuesto para aquellos que aún nos dejamos sorprender por el olor de una rosa y que la verdadera belleza radica en poder aceptar la imperfección de sus espinas. Así que volví a casa y escribí, escribí sin miedo a equivocarme.



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